Cuando llegamos a la familia, entramos a un sistema que ya viene funcionando con reglas y patrones definidos. Mandatos, creencias, ideas perspectivas, formas de ver el mundo que han servido a los integrantes de ese sistema para estar vivos y perpetuar el clan.
Esta información queda guardada en el inconsciente del sistema familiar como variables algorítmicas que conforman un verdadero programa informático.
Nos vamos desplazando por la vida dentro de las variables de ese sistema de información que a su vez está regido como código de supervivencia. Estos son los ingredientes del inconsciente familiar y biológico.
El inconsciente familiar, no es un inconsciente reprimido o de difícil acceso. Esta información del inconsciente es asequible y observable.
Basta mirar la realidad que hemos creado a nuestro alrededor desde una perspectiva de conciencia más amplia para comprender como, verdaderos detectives, los patrones que están actuando y que llevan a percibir la vida como lo hacemos. La elección de nuestras parejas, los amigos, los socios, los hijos que tenemos o no, los oficios o profesiones, cada una de estas elecciones están guionadas por las vicisitudes o necesidades que están desplegadas en el Transgeneracional. Ya sea como respuestas a conflictos o como problemas sin solución.
Si mis abuelos de pequeños vivieron las circunstancias de una guerra y para su supervivencia ellos aprendieron a esconderse, guardar reservas y a tolerar injusticias en silencio, esas estrategias vitales se guardan como información. Y ésta se repite como patrones que se desplegaran en la vida de sus descendientes para asegurarse la supervivencia del clan. Por lo tanto, para que esos patrones tengan sentido, habrá una gran tendencia a percibir la realidad con desconfianza e inconscientemente se creará para mí la realidad en la cual yo me pueda desenvolver en mi repertorio de programas de subsistencia. De alguna manera, vivir una guerra personal.
Si observo mi mundo, entonces puedo inferir muchos de estos patrones. Puedo comprender que repito un registro en clave de supervivencia. Luego, entonces es posible comenzar por mí mismo a autorizarme con un nuevo libreto a la experiencia de VIVIR.
Es como hacer un viaje, por un momento, tomar el mismo barco que tal vez tomaron nuestro abuelos o bisabuelos en sus años tempranos y reconocernos en sus anhelos, sus frustraciones, sus miedos, sus amores, sus pérdidas y dolores. Somos parte de una historia más grande que la propia individual, somos los que tomamos la posta de tantas experiencias, y las reconocemos como parte de nuestro bagaje. Somos y pertenecemos a los vínculos. Somos la respuesta de aquellos vínculos. Y la experiencia del vínculo con otros nos permite saber quiénes somos, expresarnos, manifestar nuevos potenciales y descubrir nuevas perspectivas de ver el mundo.
